En este artículo voy a tratar de explicar porque el estrés agota nuestra energía, y como consecuencia nos hace mas vulnerables a sufrir enfermedades y deterioros.

EL ESTRÉS ES UN MECANISMO DE ADAPTACIÓN AL SERVICIO DE LA SUPERVIVENCIA

Sabemos que hasta un determinado nivel, el estrés es un “buen” estrés o eustrés porque nos protege, pero cuando la respuesta adaptativa es insuficiente para lograr el equilibrio, se produce un estado de sobrecarga o distrés (mal estrés), que finalmente se manifestará en el Sistema Nervioso Central en forma de ansiedad, depresión, alteraciones cardiacas o inmunológicas, que a su vez, tendrán unas nefastas consecuencias para nuestra salud.

TODO ES CUESTIÓN DE ENERGÍA

El Sistema Nervioso Autónomo o Vegetativo, es una parte del Sistema Nervioso encargada de regular todas las funciones de nuestro organismo al margen de nuestra voluntad y conciencia  (respiración, digestión, circulación, excreción, etc). Su función es la de mantener nuestra fisiología equilibrada.

Para lograr este equilibrio, el Sistema Nervioso Autónomo se vale de sus dos ramificaciones: El Sistema Nervioso Simpático, que “nos acelera” y el Sistema Nervioso Parasimpático que “nos frena”

EQUILIBRIO SIMPÁTICO-PARASIMPÁTICO

Cada “rama” tiene sus funciones especificas:

  • El SN Simpático tiene como función principal la de protegernos de los peligros externos, entrando en acción cada vez que nos enfrentamos a situaciones de incertidumbre, peligro o estrés. El cuerpo se pone en “modo alerta” y se prepara para responder “luchando“, “huyendo” o “bloqueándose“.
  • La función del SN Parasimpático también es de protección, encargándose de que después del estrés, todo vuelva a la calma. Es el responsable del mantenimiento y reparación del organismo, cuidando de las células y los tejidos, reduciendo o enlenteciendo así, su deterioro.

EL SISTEMA NERVIOSO AUTÓNOMO –EN SU CONJUNTO–, SE COMPORTA COMO UN PILOTO AUTOMÁTICO QUE BUSCA NUESTRO EQUILIBRIO PERMANENTE

Cada vez que se activa el SN. Simpático, se consume gran cantidad de energía en forma de oxigeno, ácidos grasos y glucosa, que son necesarios para lograr que los músculos respondan con eficiencia y rapidez frente a cualquier imprevisto. También se activa el riego sanguíneo, se acelera el pulso y la respiración, y aumenta la presión arterial.

Para contribuir a mejorar el estado de alerta y así poder tomar mejores decisiones frente al peligro, se incrementa el flujo sanguíneo hacia el cerebro y se dilatan las pupilas. Para poder llevar a cabo todas estas funciones, el organismo necesita gran cantidad de combustible, por lo que el nivel de azúcar en sangre también subirá.

Cada vez que el SN. Simpático se activa, el SN. Parasimpático entra en acción tratando de recuperar y conservar la energía perdida

Es obvio que el Sistema Nervioso Parasimpático es el más importante de los dos para poder sobrevivir, porque es el encargado de “repararnos”, y si no se normalizasen las funciones del cuerpo, este acabaría destruyéndose.

Para aquellas personas que viven crónicamente asustadas, en tensión y con la permanente sensación de estar en peligro …

LA ACTIVACIÓN CONTINÚA DE SU SN. SIMPÁTICO, DEMANDARÁ TAL CANTIDAD DE ENERGÍA, QUE SE REDUCIRÁ LA DISPONIBLE PARA QUE EL SN. PARASIMPÁTICO, PUEDA REPARAR TOTALMENTE EL DESGASTE EXPERIMENTADO


Así pues, las personas estresadas –debido al desgaste acumulado–, serán mucho más vulnerables a las enfermedades y al envejecimiento precoz


¿QUÉ NOS DIFERENCIA DE LOS ANIMALES?

Seguramente recuerdas haber visto en algún documental africano, como una gacela que pasta inocentemente, es acechada por una leona hambrienta, y como en una fracción de segundo, esta desencadena un ataque desesperado.

La gacela que necesita salvar su vida, huye a toda velocidad, y la leona, que necesita comer, lucha por su presa. En ambas, gracias al estrés, se ha puesto en marcha su mecanismo básico de supervivencia.

Lo más sorprendente de todo, es que si la leona no logra darle alcance, se retira de la persecución y en menos de un minuto, como si no hubiese pasado nada, todo vuelve a estar en calma.

Gracias a que ambas no tienen imaginación (recordando el pasado o imaginando el futuro), y viven en el presente, su SN. Parasimpático se las ha arreglado para dejarlas como nuevas apenas transcurridos unos minutos. Tenemos que concluir que el Sistema Nervioso Autónomo de ambas, ha funcionado a la perfección.

Ahora imagínate que eres tú el que ha sobrevivido al ataque de una leona. Lo más probable es que no te recuperes tan fácilmente, y es más que seguro que cargues con un estrés postraumático para el resto de tu vida. Eso es así, porque los humanos tenemos una mente que nos perseguirá con el recuerdo del trauma vivido.


Pues bien, el vivir en una sociedad compleja, llena de incertidumbres y cambios continuos, hace que nuestro SN. Simpático –para protegernos–, se active con gran facilidad tratando de adaptarse al estrés que la vida nos depara, y por ello, vamos consumiendo la energía que necesitamos para “repararnos” y seguir viviendo


Cada vez que sufrimos situaciones estresantes, el organismo trata de equilibrarse para evitar daños en todos los niveles (en las células, tejidos, órganos y sistemas). Si la activación del SN Simpático es mantenida, el organismo irá acumulando un desgaste que se conoce con el nombre de carga alostática.

LAS CONSECUENCIAS FÍSICAS DEL ESTRÉS

La activación continua del SN. Simpático, hace que el SN. Parasimpático no pueda ejercer su función reparadora, teniendo –entre otras–, las siguientes consecuencias:

  • Aumento de la producción de las CITOQUINAS INFLAMATORIAS, que son unas proteinas muy dañinas para un gran número de células de nuestro sistema inmunitario
  • Aumento del CORTISOL, que se le conoce como la hormona del estrés ya que se eleva en situaciones de estrés físico y/o psíquico agudo, como respuesta a la hiperestimulación de las glándulas suprarrenales 
  • Descenso de los niveles de DHEA-S (Dehidroepiandrosterona Sulfato), que es una hormona producida por las glándulas suprarrenales y cuyo descenso suele ir acompañado de agotamiento, trastornos inmunes, obesidad abdominal, enfermedad cardiaca y diabetes.
  • Aumento de la TENSIÓN ARTERIAL, que puede desembocar en graves daños para el corazón o el cerebro

¿QUÉ PODEMOS HACER FRENTE AL ESTRÉS?

Entre las técnicas que más utilizo, y que a mi juicio se muestran más efectivas por su acción directa sobre el cerebro emocional, se encuentran las siguientes:

Las Técnicas de liberación emocional (Tapping), el Mindfulness (entrenamiento de la capacidad de estar en el momento presente tratando de controlar nuestra mente dualista), la Desensibilización y Reprocesamiento mediante el Movimiento de los ojos, la Coherencia del ritmo cardiaco, la eliminación de las Emociones atrapadas, la Comunicación eficaz, las Técnicas de Relajación y las Técnicas de respiración.

En última estancia y como medida puntual, puedo recurrir a la medicación psicofarmacológica, propia de mi formación como psiquiatra.